El Guardián de la Fe bahá'í
A
la muerte de `Abdu'l-Bahá, ocurrida en 1921, la jefatura de la
comunidad bahá'í entró en una nueva fase caracterizada
por un orden administrativo basado en "dos pilares gemelos': la
Guardianía y la Casa Universal de Justicia.
El orden administrativo originalmente contemplado por
Bahá'u'lláh en Su Libro de Leyes alcanzó con
`Abdu'l-Bahá una forma más desarrollada, muy especialmente en Su
Testamento. En dicho documento `Abdu'l-Bahá nombró a Su nieto
mayor, Shoghi Effendi, Guardián de la Fe bahá'í y
hacía referencia asimismo a un cuerpo legislativo del que el
Guardián sería su "cabeza sagrada y distinguido miembro
vitalicio'. 1
La Casa Universal de Justicia no fue establecida en vida de
`Abdu'l-Bahá. Fue Shoghi Effendi quien, a lo largo de los 36
años de su mandato como Cabeza de la Fe de la Fe de
Bahá'u'lláh, sentó las bases para su establecimiento.

Shoghi Effendi, El Guardián de la Fe bahá'í.
|
Durante esos años Shoghi Effendi educó a la comunidad
bahá'í acerca del Orden Administrativo de la Fe y la
preparó para el momento en que se establecería dicha
institución. En sus escritos definió de forma concluyente los
lazos que vinculaban la Guardianía y la Casa Universal de Justicia,
instituciones ambas que describió como "de origen divino, esenciales
en sus funciones y complementarias en su meta y propósito'.2
Continuó afirmando que el propósito común a ambas era el
de "garantizar la continuidad de esa autoridad divinamente designada que
dimana de la Fuente de nuestra Fe, para salvaguardar la unidad de sus
seguidores y para mantener la integridad y flexibilidad de sus
enseñanzas' 3 La institución de la Guardianía es el
medio elegido por Bahá'u'lláh para asegurar la continuidad de la
interpretación infalible de Su palabra. Por otro lado, la
función de la Casa Universal de Justicia consiste en legislar sobre los
asuntos que ``no estén expresamente recogidos en los Textos Sagrados'.
4 De acuerdo con Shoghi Effendi ``ambas instituciones inseparables, al
actuar conjuntamente, coordinan sus actividades, promueven sus intereses,
ejecutan sus leyes y defienden sus instituciones subsidiarias'. 5
La relación mutua de la Guardianía y la Casa Universal de
Justicia se manifiesta además en la incesante labor desarrollada por el
Guardián a fin de expandir la comunidad mundial bahá'í
por todo el orbe, hecho que iba a permitir el desarrollo de los cuerpos
nacionales legislativos del orden administrativo (las actuales Asambleas
Nacionales), cuya razón de ser a su vez era la de culminar en la
elección de la Casa Universal de Justicia y en el consiguiente pleno
desarrollo de todas las demás facetas del orden fijado por Bahá'u'lláh.
Aunque la Guardianía fue concebida como una institución
hereditaria y `Abdu'l-Bahá dispuso en Su Testamento la posibilidad de
una sucesión de Guardianes, Shoghi Effendi murió sin dejar
herederos y sin posibilidad de nombrar a ningún otro sucesor dado que
ninguno de los demás miembros de su familia cumplían los
requisitos descritos por `Abdu'l-Bahá. Ello no obstante, la vitalidad
de la Guardianía pervive en el voluminoso conjunto de escritos con que
Shoghi Effendi impartió su guía, en todo el inmenso legado
transmitido a la comunidad bahá'í durante los años de su
ministerio, desde 1921 a 1957. A fin de apreciar mejor la amplitud de esa
herencia, vale la pena detenerse en algunas de las múltiples facetas de
las empresas llevadas a cabo por Shoghi Effendi.
La obra de Shoghi Effendi
En Su Testamento `Abdu'l-Bahá dedicó unas emocionantes palabras
al que habría de ser sucesor Suyo:
¡Oh vosotros fieles amantes de `Abdu'l-Bahá! Os incumbe prestar
el mayor de los cuidados a Shoghi Effendi (
) Pues él es,
después de `Abdu'l-Bahá, el Guardián de la Causa de Dios
(
) Quien no le obedezca, no ha obedecido a Dios; quien se aparte de
él, se aparta de Dios; quien le niegue, niega al Verdadero. Cuidad no
sea que nadie interprete falsamente estas palabras (
) 6
De este modo, la elección de `Abdu'l-Bahá de un sucesor para la
jefatura de la comunidad bahá'í quedaba expresamente afirmada.
La Guardianía venía a proteger la unidad de la Fe de
Bahá'u'lláh al asegurar la continuidad de la línea de
autoridad, que primero había pasado de Bahá'u'lláh a
`Abdu'l-Bahá, y ahora se investía en los hombros de Shoghi
Effendi, quien había sido designado por `Abdu'l-Bahá como ``el
Signo de Dios'. 7
Shoghi Effendi tenía poco más de veinte años y se hallaba
estudiando en Balliol College, Oxford, cuando se enteró de la
trágica noticia de la muerte de `Abdu'l-Bahá. El dolor que
sintió ante la pérdida de su amado Abuelo no hizo sino aumentar
el peso de la responsabilidad que le había sido encomendada en virtud
del Testamento de `Abdu'l-Bahá. Un peso que al comienzo resultó
demoledor habida cuenta de que no había venido precedido de anuncio ni
indicación alguna.
A fin de sobrellevar su dolor y prepararse para asumir la carga de la
autoridad que le había sido conferida, Shoghi Effendi dejó la
Tierra Santa para recluirse durante un período de varios meses. Durante
ese intervalo, los asuntos de la Fe quedaron confiados a la jefatura de su
tía abuela, Bahíyyíh Khánum, la hija de
Bahá'u'lláh y hermana de `Abdu'l-Bahá. Shoghi Effendi y
su tía estaban unidos por lazos de afecto muy estrechos. De entre todos
los miembros de la familia fue ella quien mejor comprendió el tremendo
pesar que la pérdida de `Abdu'l-Bahá le había causado.
Durante los primeros años de Guardianía, hasta su muerte en
1932, fue un leal y sabio apoyo. La honda estima que le profesaba Shoghi
Effendi se hace evidente en el homenaje que le rindiera poco después de
morir, parte del cual dice así:
¡Amadísima Hoja Más Sagrada! (
) El recuerdo de tu
inefable belleza y de tu sonrisa continuarán por siempre
animándome y alentándome en este espinoso sendero que estoy
destinado a hollar. La evocación del toque de tu mano me
espoleará a proseguir firmemente en tu camino. La dulce magia de tu voz
me recordará, cuando la hora de la adversidad se vuelva aciaga, que me
aferre a la cuerda que con tan recio pulso sostuviste en los días de tu
vida. 8
El ``espinoso camino' al que el Guardián alude en este pasaje
quizá fuera una referencia a una de las tareas más arduas que le
cumplió realizar: la protección de la joven Fe de los enemigos
internos y externos que la amenazaban. Shoghi Effendi fue además el
único intérprete autorizado de las enseñanzas; quien
erigió el orden administrativo de la Fe; quien prosiguió los
planes para la expansión mundial de la Fe Bahá'u'lláh y
cuyos elementos estaban ya contenidos en los escritos de `Abdu'l-Bahá;
tradujo gran número de volúmenes de los escritos sagrados de la
Fe, desde el persa y árabe originales al inglés, que
después serviría como modelo de las traducciones a otros
idiomas; escribió una historia del primer siglo de la Fe;
desarrolló y embelleció las propiedades del Centro Mundial
Bahá'í, situado en Haifa y en San Juan de Acre. Éstas son
las piezas fundamentales del legado dejado por la Guardianía. Sin
embargo, la misma importancia revestía la forma en que Shoghi Effendi
inspiró a la gente sencilla a alzarse a realizar grandes logros. De un
modo no muy diferente a como un general organiza sus tropas para la batalla,
Shoghi Effendi, a través de las cartas que dirigió a las
comunidades de todo el mundo, grandes y pequeñas, las exhortó a
realizar mayores servicios a su Fe y a la humanidad. Así, en una carta
dirigida a los bahá'ís de Norteamérica, se refería
a ellos como ``los campeones del Orden Mundial de Bahá'u'lláh'
y les urgía a que escalasen ``las más nobles alturas del
heroísmo al tiempo que la humanidad se hunde en los fondos de la
desesperación, degradación, disensión y desmayo'. 9
Salvaguardó la unidad de la Fe obrando, tal y como `Abdu'l-Bahá
lo había hecho antes de él, como intérprete autorizado y
expositor de los escritos sagrados bahá'ís. Todas las preguntas
relativas a la interpretación de los textos iban dirigidas a su
persona. Si bien Shoghi Effendi carecía de autoridad para alterar en un
ápice lo revelado por Bahá'u'lláh y `Abdu'l-Bahá,
cumplió esta tarea fundamental mediante la clarificación de los
puntos que no habían sido suficientemente comprendidos y la
elucidación de las enseñanzas reveladas. A este propósito
responden miles de cartas dirigidas a creyentes y comunidades
bahá'ís de todo el mundo. Gracias a estas orientaciones los
bahá'ís han podido permanecer integrados mediante una clara
comprensión de los escritos sagrados de la Fe.
Shoghi Effendi tradujo los escritos bahá'ís de los idiomas en
que fueron revelados -el árabe y el persa- valiéndose de un
inglés de estilo solemne. En 1921, sólo se disponía en
este idioma de unos pocos de entre los numerosos escritos de
Bahá'u'lláh. El Guardián tradujo las obras centrales de
Bahá'u'lláh y los recopiló a fin de que los
bahá'ís dispusieran de traducciones autorizadas. Asimismo,
publicó bajo el título ``Los rompedores del alba' la
traducción, anotada y corregida de la principal crónica
histórica de los primeros años de la Fe bahá'í,
obra de Nabil-i-A'zam, todo ello a fin de que la comunidad de habla inglesa
cobrase ánimos en el ejemplo de sus predecesores espirituales y pudiese
leer los relatos orales de quienes vieron al Báb y a
Bahá'u'lláh. Shoghi Effendi escribió además Dios
pasa, un relato histórico del primer siglo de la Fe bahá'í.
Como constructor del orden administrativo, Shoghi Effendi fundándose en
los escritos de Bahá'u'lláh y `Abdu'l-Bahá relativos al
establecimiento de las instituciones que administrarían los asuntos de
la comunidad, elaboró un plan para que dicho orden cobrase forma.
Así se desarrollaron las incipientes comunidades de todo el mundo,
hasta alcanzar un punto en el que podían dar sostén a las
instituciones previstas por Bahá'u'lláh. Cuando Shoghi Effendi
fue nombrado Guardián no había instituciones administrativas de
ámbito nacional. Al fallecer, éstas eran ya 26. Cuando se
concluyó el Plan de 10 Años, que Shoghi Effendi había
concebido para la expansión y consolidación global de la Fe
(1953-1963), el número ascendía a 56.
Shoghi Effendi sostuvo una amplísima correspondencia con las
comunidades bahá'ís de todo el mundo. En ella se abordaba el
desarrollo del orden administrativo bahá'í. Por ejemplo, ya en
fecha tan temprana como marzo de 1923, dirigió a los
bahá'ís de Norteamérica, Gran Bretaña, Francia,
Suiza, Italia, Japón y Australasia, una carta en la que
describía las condiciones necesarias para el establecimiento de las
asambleas locales y nacionales, y suministraba directrices para la
elección de asambleas locales y los criterios de funcionamiento de las
asambleas. También ofreció a los bahá'ís una
perspectiva de largos alcances con relación a la naturaleza de las
elecciones bahá'ís: ``Con el funcionamiento pleno, armonioso y
eficaz de estas asambleas locales y nacionales, quedará asegurado el
único instrumento para el establecimiento de la Casa Suprema de
Justicia'. 10
Naturalmente, el desarrollo del orden administrativo no se efectuó de
forma aislada. Al tiempo que esto, hubo toda una serie de planes destinados a
lograr la expansión sistemática de la comunidad
bahá'í. Los voluntarios conocidos como ``pioneros' se
dispersaron a las áreas más remotas para enseñar su Fe y
fundar nuevas comunidades. Desde 1953 a 1963, en el transcurso del Plan de
Diez Años, cientos de pioneros se asentaron en una multitud de
países y territorios. De este modo 44 nuevas Asambleas Nacionales y
Regionales vinieron a sumarse a las doce ya existentes. El conjunto de la
población bahá'í experimentó un gran aumento.
Además de coordinar la dispersión de los pioneros
bahá'ís por todos los rincones de la tierra, Shoghi Effendi
imprimió al Centro Mundial un inmenso impulso. Dispuso la
construcción de una superestructura sobre la tumba que
`Abdu'l-Bahá había erigido para albergar los restos mortales del
Báb; embelleció y expandió los jardines que rodean al
Mausoleo de Bahá'u'lláh, situado en la campiña de San
Juan de Acre; construyó el edificio de los Archivos Internacionales,
situado en las faldas del Monte Carmelo, lugar en donde se hallan dignamente
conservadas las reliquias del Báb y Bahá'u'lláh para
contemplación de los peregrinos; hizo que los restos de Navvab, esposa
y compañera de los sucesivos exilios de Bahá'u'lláh, y de
Su hijo Mirzá Mihdí, quien murió en la cárcel de
Acre, fuesen trasladados a sus lugares finales de descanso a la sombra del
Mausoleo del Báb, cerca de la tumba de la Hoja Más Sagrada. Todo
este trabajo fue realizado en un intento por crear una atmósfera
condigna del centro espiritual y administrativo de la nueva religión.
Como cabeza visible, el Guardián condujo las actividades relacionadas
con los asuntos externos de la Fe y de su Centro Mundial.
Hacer frente a una sola de estas tareas constituía de por sí una
empresa hercúlea; pero el hecho de que el Guardián realizase el
gran número de objetivos que se había fijado y en tan variados
frentes, a lo largo de un período de treinta y seis años,
sólo cabe juzgarlo de asombroso. Por esta razón, y sobre todo
por la materialización del nuevo orden social otorgado por Dios al
mundo a través de la Revelación de Bahá'u'lláh,
Shoghi Effendi ha sido ensalzado por cierto escritor como ``el ser humano que
en toda la historia, pasada, presente y futura, mayor influencia ha ejercido
sobre la formación y modus operandi del orden social mundial'. 11 Su
viuda, Amatu'l-Bahá Ruhiyyih Khánum describe su obra con estas palabras:
El Guardián ha fundido dentro del alambique de su mente creativa todos
los elementos de la Fe de Bahá'u'lláh; alzó una comunidad
organizada de seguidores que fue el receptáculo de Sus
enseñanzas, leyes y Orden Administrativo; las enseñanzas de las
dos Manifestaciones gemelas de Dios y del Ejemplo Perfecto fueron entretejidas
para dar lugar a un manto flamante que ha de proteger al hombre durante mil
años, un manto en el que los dedos de Shoghi Effendi marcaron el
patrón, cosieron sus costuras, y al que dieron forma los brillantes y
protectores cierres de su interpretación de los textos sagrados, un
manto que nunca cederá ni podrá ser rasgado hasta el día
en que otro Legislador venga al mundo y nuevamente envuelva a Su criatura
humana con otro ropaje divino. 12
-
`Abdu'l-Bahá, The Will and Testament of `Abdu'l-Bahá
(Wilmette: Bahá'í Publishing Trust, 1968), p. 14.
-
Shoghi Effendi, "The Dispensation of Bahá'u'lláh,"
en The World Order of Bahá'u'lláh, Selected Letters, segunda ed.
rev. (Wilmette: Bahá'í Publishing Trust, 1974), p. 148.
-
Ibídem.
-
The Constitution of the Universal House of Justice (Haifa:
Bahá'í World Centre, 1972), p. 5.
-
"The Dispensation of Bahá'u'lláh," p. 148.
-
The Will and Testament of `Abdu'l-Bahá, pp. 25-26.
-
Ibídem, p. 11.
-
Shoghi Effendi, Bahá'í Administration, ed. rev.
(Wilmette: Bahá'í Publishing Trust, 1974), p. 195.
-
Shoghi Effendi, Citadel of Faith: Messages to America 1947-1957
(Wilmette: Bahá'í Publishing Trust, 1970), p. 57.
-
Shoghi Effendi, Bahá'í Administration, p. 41.
-
David Hofman, "Shoghi Effendi: Expounder of the Word of God,"
en The Vision of Shoghi Effendi: Proceedings of the Association for
Bahá'í Studies Ninth Annual Conference, noviembre 2-4, 1984,
Ottawa, Canadá (Association for Bahá'í Studies, 1993), p. 95.
-
Amatu'l-Bahá Ruhiyyih Khanum, The Priceless Pearl (London:
Bahá'í Publishing Trust, 1969), p. 436.
|