El Báb, el Precursor de Bahá'u'lláh

Mausoleo del Báb, Haifa, Israel.
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Su vida constituye uno de los ejemplos más egregios de valor que la
humanidad haya tenido el privilegio de contemplar (
)' 1 La
personalidad a la que así rendía homenaje el destacado escritor
francés A.L.M. Nicolas era esa figura profética del siglo
diecinueve a la que la historia conoce como el Báb.
Durante la primera mitad del siglo diecinueve el fervor milenarista se
apoderó de numerosos pueblos de la tierra. Por aquel entonces muchos
cristianos aguardaban expectantes la venida de Jesucristo. Al mismo tiempo el
Islam, en su espera de la llegada del ``Señor de la Época', se
veía sacudido por una oleada de similar intensidad. Tanto cristianos
como musulmanes veían que con el ansiado cumplimiento de las
profecías de sus Escrituras estaba a punto de comenzar una nueva era espiritual.
En Persia, el fermento mesiánico alcanzó su apogeo la noche del
23 de mayo de 1844, cuando un joven comerciante -el Báb- anunció
que era el Portador de una Revelación Divina, prometida desde tiempo
inmemorial y destinada a transformar la vida espiritual de la humanidad.
``¡Oh pueblos de la tierra -declaró el Báb- prestad
oído a la santa voz de Dios (
) En verdad la resplandeciente Luz
de Dios ha aparecido entre vosotros investida con este Libro infalible, a fin
de que seáis guiados rectamente hacia las sendas de la paz (
) 2
Con la quiebra moral de Persia por telón de fondo, la
declaración del Báb según la cual la renovación y
avance social se apoyaban sobre el ``amor y la compasión' antes que en
la ``fuerza y la coacción' suscitó esperanzas en todas los
sectores sociales del país. Muy pronto atrajo a miles de seguidores.3
El nombre de este joven comerciante era Siyyid `Alí Mu/hammad, quien
adoptó el título de ``El Báb', término que en
árabe significa ``portal' o ``puerta'. Tal como explicó el
Báb, Su propia llegada constituía el portal que habría de
atravesar la tan esperada Revelación de Dios para toda la humanidad. El
tema central de Su obra más destacada -el Bayán- giraba en torno
a la aparición de un segundo Mensajero de Dios, más eminente que
el propio Báb y cuya Misión sería inaugurar la era de paz
y justicia prometida por el islam, el judaísmo, el cristianismo y todas
las demás religiones.
El Báb Se refirió a la llegada de este Maestro Divino como
``Aquel a Quien Dios hará manifiesto' y afirmó que ``ninguna
palabra Mía puede describirle cumplidamente, ni puede referencia alguna
hallada en Mi Libro, el Bayán, hacer justicia a Su Causa'. 4
Aclaró que ``el propósito que subyace a esta Revelación,
así como a todas las del pasado, es el de anunciar el advenimiento de
Aquel a Quien Dios hará manifiesto'. 5 Asimismo, explicó que
la base de toda conquista humana debe encontrarse en las enseñanzas de
esta prometida Manifestación Universal de Dios, y que ``el conjunto de
todas las religiones sólo está para auxiliarle'. 6 Para el
Báb la historia de la humanidad había alcanzado su apogeo, y
Él no era más que ``La voz del Anunciador, que eleva Su voz en
el desierto del Bayán' para anunciar a la humanidad su travesía
hacia la madurez colectiva. 7
En todos Sus Escritos el Báb avisó a Sus seguidores que fueran
vigilantes, y que tan pronto como surgiese el prometido Maestro, Le
reconocieran y siguieran. El Báb les exhortó a que mirasen ``con
el ojo del espíritu' antes que con sus ``fantasiosas imaginaciones'.
8 Ser dignos de ``Aquel a Quien Dios manifestará' requería
nuevas pautas de conducta, una nobleza de carácter que hasta entonces
los seres humanos no habían alcanzado: ``Purgad vuestros corazones de
deseos mundanos -instaba el Báb a su primer grupo de discípulos-,
y dejad que las virtudes angélicas sean vuestro adorno (
) Ha
llegado la hora en que nada excepto los más puros motivos, apoyados en
hechos de pureza inmaculada, pueden ascender al Trono del Más Alto y
serle aceptables (
)' 9
En varias ocasiones el Báb aludió a la identidad del Prometido:
``El bien sea con quien fije su mirada en el Orden de
Bahá'u'lláh y dé gracias a su Señor. Pues
Él seguramente será hecho manifiesto'. 10 En otro pasaje
afirma. ``Cuando el Astro de Bahá brille resplandeciente sobre el
horizonte de la eternidad os incumbe personaros ante Su Trono' 11
Husayn-Alí, uno de los discípulos más destacados del
Báb, históricamente conocido como ``Bahá'u'lláh',
asumió el título de Bahá (en árabe ``gloria',
``esplendor') en una conferencia celebrada en 1848 por los seguidores del
Báb. El título fue confirmado expresamente por el propio Báb.
En ciertos respectos el papel del Báb es comparable al que
ejerció Juan el Bautista en la formación del cristianismo. El
Báb fue el Heraldo de Bahá'u'lláh: Su misión
primera fue la de allanar el camino para la venida de
Bahá'u'lláh. Consecuentemente, la fundación de la Fe
bahá'í es vista por los bahá'ís como
simultánea a la de la Fe bábí, cuya razón de ser
habría de coronarse en 1863 cuando Bahá'u'lláh
anunció la figura prometida por el Báb.
Bahá'u'lláh afirmó más tarde que el Báb fue
``el Heraldo de Su gran Revelación, una revelación que ha hecho
que (
) el esplendor de Su Luz fulgure desde el horizonte del mundo'.
12 La aparición del Báb marcó el fin del ``Ciclo
Profético' de la historia religiosa e inauguró el ``Ciclo del Cumplimiento'.
No obstante, el Báb fue al propio tiempo el Fundador de una
religión propia y diferenciada, conocida como la Fe bábí.
La Revelación bábí dio lugar a una comunidad vigorosa,
dotada de sus propias Escrituras y presta a dejar en la historia religiosa una
impronta indeleble. Los escritos bahá'ís testimonian que la
grandeza del Báb consiste ante todo no en el hecho de ser el Precursor
divinamente designado de una Revelación tan trascendente, sino en haber
estado investido con los poderes inherentes al inaugurador de una
Dispensación religiosa separada, y en el hecho de haber exhibido, en
una medida insuperada por los Mensajeros que Le precedieron, el cetro de la
Profecía independiente' 13 Merced a Su llamada para la reforma
espiritual y moral de la sociedad persa, y a Su insistencia en la mejora de la
condición de la mujer y de los pobres, el Báb mostró las
hechuras propias de los antiguos profetas. Pero, a diferencia de los
visionarios de antaño que no podían sino remontar su mirada
hacia un futuro distante cuando ``la tierra se colmará con el
conocimiento del Señor' 14, el Báb vino a significar con Su
propia presencia que el ``Día de Dios' al fin había alboreado.
Los corazones y pensamientos de quienes escuchaban el mensaje del Báb
estaban atrapados en un estado apenas alterado desde la Edad Media.
Además de Su llamada a la renovación espiritual, Su
promoción de la educación y de las ciencias útiles
revestía un carácter sencillamente revolucionario. De este modo,
al proclamar una religión enteramente nueva, el Báb hizo posible
que Sus seguidores se desligaran del marco islámico de referencia y se
preparasen para la venida de Bahá'u'lláh.
Mullá /Husayn-i-Bushru'í, miembro de la clase religiosa persa,
describió el efecto que tuvo sobre su persona el primer encuentro con
el Báb: ``Me sentí poseído de tal valor y poder que de
alzarse contra mí todo el mundo, con sus pueblos y potentados,
habría resistido su asalto solo y sin temor. El universo no
parecía sino un puñado de polvo en mis manos. Me pareció
ser la Voz de Gabriel personificada , que llamaba a toda la humanidad:
`Despertad, pues he aquí que la mañana de la Luz ha
despuntado''. 15
El impacto transformador del mensaje del Báb se consiguió sobre
todo mediante la diseminación de Sus epístolas, comentarios y
obras místicas y doctrinales. Algunos discípulos, como
Mullá Husayn, pudieron escucharle en persona. El efecto de la voz del
Báb fue descrito por uno de Sus seguidores: ``La melodía de Su
canto, el flujo rítmico de los versículos que manaban de Sus
labios se apoderaron de nuestros oídos y calaron en los más
hondo de nuestra alma. La montaña y el valle se hicieron eco de la
majestad de Su voz. La entraña de nuestros corazones vibró ante
la llamada de Sus pronunciamientos'. 16
Lo atrevido de Su proclamación -y Su visión de una sociedad
enteramente nueva- suscitó un gran temor en la jerarquía
religiosa y secular. La persecución no tardó en desatarse sobre
los bábíes, miles de los cuales fueron exterminados en el curso
de una horrible cadena de matanzas. El extraordinario valor evidenciado por
los bábíes frente al asalto no escapó a la
atención de numerosos observadores occidentales. Intelectuales europeos
tales como Ernesto Renan, León Tolstoi, Sarah Bernhardt y el Conde de
Gobineau se sintieron profundamente afectados por el drama espiritual que se
desarrollaba en una tierra tenida por oscurantista. La nobleza desplegada en
Su vida por el Báb y el heroísmo de Sus seguidores era tema
común de conversación en los salones de Europa. La historia de
Tahirih, la gran heroína y poetisa bábí caló tan
rápido y tan hondo como la del Báb. Fue ella quien dijo a sus
perseguidores: ``Podéis matarme cuando os plazca, pero no
podréis detener la emancipación de la mujer'.
Quienes se oponían al Báb acabaron acusándole no
sólo de ser un hereje, sino también un peligroso rebelde. Las
autoridades decidieron poner fin a Su vida. El 9 de julio de 1850, la
sentencia fue ejecutada. En uno de los patios de los cuarteles de Tabriz,
cerca de 10.000 personas se agolpaban sobre los tejados de los barracones y
casas que daban a la plaza. El Báb y un joven seguidor Suyo estaban
prendidos de unas cuerdas contra la pared. Un regimiento de 750 soldados
armenios, dispuestos en tres filas de 250 fusileros abrieron fuego en 3
sucesivas descargas. Fue tan intensa la humareda de pólvora que todo el
patio quedó sumido en la oscuridad.
Sir Justin Shiel, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la
reina Victoria destacado en Teherán hizo llegar a Lord Palmerston,
Secretario de Estado Británico para Asuntos Extranjeros, el siguiente
informe de fecha 22 de julio de 1850: ``Cuando se despejó el humo y la
polvareda levantadas por la descarga, el Báb ya no estaba a la vista.
El populacho empezó a clamar que había sido elevado a los
cielos. Las balas habían destrozado las cuerdas de las que
pendía, y hubo de ser arrastrado de un recodo en el que, tras una
búsqueda, fue hallado y dado muerte'. 18
Después del primer intento de ejecución, el Báb fue
hallado de nuevo en Su celda, cursando las últimas instrucciones a uno
de Sus seguidores. Con anterioridad ese mismo día, cuando los guardias
acudieron a trasladarlo al patio, el Báb les había advertido que
ningún ``poder humano' podría silenciarle hasta que hubiese
concluido cuanto tenía que decir. Al presentarse por segunda vez, el
Báb les anunció con tranquilidad: ``Ahora podéis llevar a
cabo vuestras intenciones'. 19
Una vez más, el Báb y Su joven compañero fueron colocados
frente al pelotón. Las fuerzas armenias se negaron a abrir fuego. En su
lugar hubo que reunir un destacamento musulmán. Esta vez los cuerpos
fueron acribillados hasta formar un amasijo de hueso y carne.
Sorprendentemente sus rostros escaparon a los disparos. La luz del ``Templo
Místico', como el Báb solía referirse a Sí mismo,
se había apagado en circunstancias trágicas. 20 Las
últimas palabras dirigidas por el Báb a la multitud fueron
éstas: ``¡Oh generación extraviada! Si hubierais
creído en Mí habríais seguido el ejemplo de este joven
cuyo rango era superior al de la mayoría de vosotros, quien
gustosamente se habría sacrificado en Mi sendero. Llegará el
día cuando Me habréis reconocido; ese día ya no
estaré con vosotros'. 21
Bahá'u'lláh rindió el siguiente homenaje al Báb:
``Contemplad qué constancia ha revelado esa Belleza de Dios. Todo el
mundo se alzó contra Él, y sin embargo fracasaron
estrepitosamente en el empeño. Cuanto más arreciaba la
persecución sobre ese Sadrih [Rama] de Bienaventuranza, más se
acrecía Su fervor y más brillante alumbraba la llama de Su amor.
Todo esto es evidente, y nadie disputa esta verdad. Por último,
entregó Él Su alma y remontó vuelo hacia los reinos de lo
alto'. 22
A.L.M. Nicolas, quien registró el episodio del Báb,
escribió: ``Se sacrificó por la humanidad; por ella dio Su
cuerpo y Su alma; por ella sobrellevó privaciones, escarnio, tortura y
martirio. Él selló, con Su propia sangre, la alianza de la
hermandad universal. Al igual que Jesús, pagó con Su vida a fin
de proclamar el reino de la concordia, equidad y amor universal'. 23
Los escasos seis años que duró la misión del Báb
simbolizan en cierto sentido la abrupta y sorprendente transición hacia
la conciencia global por cuyo motivo el Báb dirigió Su
llamamiento a la humanidad. Desde Su atrevida proclamación justo al
mediar el siglo, los avances técnicos y científicos sin
precedentes que han venido registrándose ofrecen los primeros
vislumbres de la sociedad global. En Su papel como ``Punto Primordial del que
se han originado todas las cosas creadas', el Báb ha puesto en
movimiento un nuevo y espléndido ciclo de la creatividad y
descubrimientos humanos'. 24 Las ``brisas' del conocimiento de Dios han
agitado ``las mentes de los hombres' y han hecho que ``los espíritus
remonten el vuelo'.
El que dos Manifestaciones de Dios aparecieran en práctica
simultaneidad, según afirma el propio Bahá'u'lláh, ``es
(
) un misterio que ninguna mente puede sondear'.25 Para los
bahá'ís constituye una afirmación de que el
establecimiento de la paz universal y el ``Reino de Dios' no están
demasiado distante, así como testimonio de la grandeza de la
Revelación de Bahá'u'lláh. En palabras de
`Abdu'l-Bahá, el Sucesor designado de Bahá'u'lláh:
El Báb, el Exaltado, es la Mañana de la Verdad, el esplendor de
cuya luz brilla en todas las regiones. Es Él asimismo el Anunciador de
la Más Grande Luz, el Luminar de Abhá
(Bahá'u'lláh). La Bendita Belleza (Bahá'u'lláh) es
el Prometido de los libros sagrados del pasado, la revelación de la
Fuente de Luz que brilló sobre el Monte Sinaí, cuyo fuego
brilló en medio de la Zarza Ardiente. Somos, todos y cada uno de
nosotros, siervos ante Su umbral, y permanecemos de pie como humildes
custodios ante Su puerta'.26
-
A.L.M. Nicolas, Siyyid Ali-Muhammad dit le Báb (Paris: Librairie
Critique, 1908), pp. 203-4, 376. Cit. en The Dawn-Breakers, p. 515 (nota de
pie de página).
-
Selections from the Writings of the Báb (Haifa: Bahá'í
World Centre, 1976), pp. 50, 61.
-
Ibídem, p. 77.
-
Shoghi Effendi, The World Order of Bahá'u'lláh, segunda ed.
rev. (Wilmette: Bahá'í Publishing Trust, 1974), p. 62.
-
Selections from the Writings of the Báb, p. 106.
-
Ibídem, p. 85.
-
Bahá'u'lláh, Tablets of Bahá'u'lláh Revealed
after the Kitab-i-Aqdas (Wilmette: Bahá'í Publishing Trust,
1995), p. 12.
-
Selections from the Writings of the Báb, p. 146.
-
Muhammad-i-Zarandi (Nabil-i-Azam), The Dawn-Breakers: Nabil's
Narrative of the Early Days of the Bahá'í Revelation, translated
from the Persian by Shoghi Effendi (1932; reimpresión, Wilmette:
Bahá'í Publishing Trust, 1974), p. 93.
-
The World Order of Bahá'u'lláh, p. 147.
-
Selections from the Writings of the Báb, p. 164.
-
Tablets of Bahá'u'lláh, p. 102.
-
The World Order of Bahá'u'lláh, p. 123.
-
Isaiah 11:9
-
The Dawn-Breakers, p. 65.
-
Ibídem., p. 251.
-
Shoghi Effendi, God Passes By (Wilmette, Il: Bahá'í
Publishing Trust, 1944), p. 75.
-
Cit. en John Ferraby, All Things Made New: A Comprehensive Outline
of the Bahá'í Faith (London: Bahá'í Publishing
Trust, edición revisada1975), p. 199.
-
The Dawn-Breakers, p. 463.
-
Selections from the Writings of the Báb, p. 74.
-
The Dawn-Breakers, p. 464.
-
Bahá'u'lláh, The Book of Certitude, 3rd ed.
(Wilmette: Bahá'í Publishing Trust, 1982), p. 234.
-
A.L.M. Nicolas, véase nota 1.
-
The World Order of Bahá'u'lláh, p. 126.
-
Ibídem, p. 124.
-
Ibíd., p. 127.
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